La final de la Copa del Mundo empezó en Tokio a las 3.30 de la madrugada (18.30 GMT) finalizando tras la prórroga la mañana del lunes. Los aficionados, concentrados en bares y en las instalaciones del Instituto Cervantes celebraron en las calles más céntricas la victoria de la selección española cuando ya se iniciaba la jornada laboral.
Algunos bares del céntrico barrio de Shibuya se abarrotaron de aficionados para ver la retransmisión de la final desde el Soccer City de Johannesburgo y cerca de doscientas personas animaban a La Roja desde el Instituto Cervantes de Tokio, que habilitó pantallas gigantes en su auditorio y en una segunda sala.
Con la finalización del partido la euforia se trasladó al emblemático cruce de Shibuya, que se llenó de banderas españolas, al grito de “campeones”.
La estatua del perro “Hachiko”, uno de los monumentos más emblemáticos de la ciudad amaneció envuelta en una bandera rojigualda en homenaje a la selección española.
Nosotros también lo teníamos claro.






